¿Y si el verdadero crack del mundo no es Osimhen... sino De Bruyne?
Kevin De Bruyne. Esa es nuestra apuesta. Aquí está por qué el belga sigue por encima del nigeriano en 2026.

El adiós de Robertson no es solo una despedida emotiva. Es el síntoma de una crisis más profunda. El Liverpool, campeón defensor de la Premier League, fue eliminado de la FA Cup por el Manchester City y perdió el partido de ida de cuartos de Champions ante el PSG.
Estas derrotas no son accidentes. Son el reflejo de un equipo sin dirección clara, sin la intensidad del ciclo Klopp.
Robertson no se va porque haya fallado — se va porque ya no cree.
Robertson llegó en 2017 y se convirtió en un símbolo de entrega y liderazgo. Indiscutible en la conquista de la Champions 2019 y la Premier 2020, su figura trascendió lo futbolístico.
Ahora, a sus 32 años, deja Anfield en libertad. Su salida coincide con la posible marcha de Mohamed Salah, cerrando simbólicamente la era Klopp.
Según los informes, sigue en gran forma. Nápoles, Juventus, Atlético y Tottenham lo consideran un fichaje clave para reforzar sus defensas con experiencia y carácter.
Un crack que no envejece, pero al que su club ya no quiere.
La presencia del agente de Arne Slot en el Parque de los Príncipes no pasó desapercibida. ¿Fue casualidad? O acaso una señal de que el vínculo con el club ya se está rompiendo.
Slot llegó para mantener el proyecto. Pero mantener no es construir. Y el Liverpool actual parece estancado, sin evolución táctica ni respuesta ante la adversidad.
Cuando el agente del entrenador observa el partido desde la grada, y no el entrenador desde el banquillo, algo está muy mal.
El banquillo no se gana con títulos del pasado, sino con decisiones del presente.
Mientras el Liverpool se tambalea, Luciano Spalletti renueva con la Juventus hasta 2028. Comolli lo definió como «la persona adecuada para liderar el crecimiento del equipo».
Italia apuesta por la estabilidad. Inglaterra vive una transición caótica. El contraste es brutal.
Robertson podría terminar en Nápoles o Juve, llevando con él el espíritu que Anfield parece haber perdido.
El fútbol sigue avanzando… pero Anfield se ha quedado mirando atrás.